Ciudades sin ciudadanos

by marc chalamanch
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«Toda ciudad es una localidad de mercado, es decir, que cuenta como centro económico del asentamiento con un mercado local y en el cual, en virtud de una especialización permanente de la producción económica, también la población no urbana se abastece de productos industriales o de artículos de comercio o de ambos […]. La ciudad es un asentamiento de mercado.»

 
33. “El hombre separado de su producto produce, cada vez con mayor potencia, todos los detalles de su mundo, y de ese modo se halla cada vez más separado de su mundo, cuando más produce hoy su propia vida, más separado está de ella.”
 

“Pues es en tanto que categoría universal del ser social como la mercancía ha de comprenderse en su auténtica esencia. Sólo en este contexto la reificación surgida de la relación mercantil adquiere una significación decisiva, tanto para la evolución objetiva de la sociedad como para la actitud de los hombres respeto de ella, para la sumisión de su conciencia a las formas en las cuales se expresa esta reificación…. Esta situación aumenta aún más con el crecimiento de la racionalización y la mecanización de la producción, pues la actividad del trabajador pierde su carácter de actividad para tomarse en una actitud contemplativa.”

«Sin embargo Luba Loft parecía auténticamente viva.

No tenía aire de simulación.»
[305] Una plaga siempre muere de éxito.
«La ciudad ciertamente ha sido y es muchas otras cosas además de mercado, pero en los últimos siglos cada vez más se va reduciendo a este único aspecto. Mercado significa muchas cosas pero en el caso de la ciudad significa especialmente intercambio. Los espacios urbanos son espacios de intercambio. En la ciudad se cambia una cosa por otra. El dinero hace de mediador universal. La ciudad no es más que la condición para que el intercambio tenga lugar, ya que es necesario un espacio común para que este sea posible. Ese espacio es la ciudad. El intercambio es tanto más efectivo cuanto más rápidamente se realiza. Cuanta más velocidad en los procesos, menos tiempo en el intercambio. Esta es la razón por la que la ciudad tiende continuamente a incrementar la velocidad de los procesos de intercambio. En la ciudad hay que moverse para sumar cada día un número provechoso de intercambios.»
“Oh, caballeros, la vida es corta… Si vivimos, lo hacemos para marchar sobre las cabezas de los reyes.”
 
“Las significaciones no existen en una ciudad en sí misma, separada de la práctica que llevan a cabo los hombres de un tiempo y de un mundo […], no están ni en las cabezas ni en las cosas, están en la experiencia: aquí la experiencia urbana.”
«L’image de la ville» Raymond Ledrut
 

Cuando los ciudadanos ya no pueden ser partícipes de su ciudad, cuando estas están pensadas en vez de ser vividas, empiezan su declive. 

Las ciudades donde sus habitantes dejan de ser sus cómplices, y no se les deja que se la puedan apropiar se convierten en sus clientes. 
Entonces los ciudadanos empiezan a pedir en vez de dar, a reclamar en vez de aportar. Desaparece la confianza en el ciudadano como actor de su propia ciudad, y este deja de ser el motor de su crecimiento y de su propia razón de ser.
Nacen ciudades sin ciudadanos, con consumidores, y cambian así la forma en las que éstas son pensadas y gobernadas, para llegar a ser simplemente gestionadas. 
Entonces, a la ciudad sólo le queda confiar, para mantener su propia existencia, en la producción de recursos que alimenten a unos consumidores necesitados de permanentes distracciones. 
 
Solo conseguiremos recuperar los actuales consumidores de la ciudad como ciudadanos si les devolvemos el protagonismo y los convertimos en la pieza clave en la que esta se identifique. Si convertimos los ciudadanos en la clave del futuro de la ciudad. 
Para conseguirlo tenemos que corresponsabilizar al ciudadano con su ciudad a través de reforzar sus lazos emocionales y de pertenencia para que sean su motor de desarrollo futuro. Un objetivo que conseguiremos con la creación de espacios públicos y de relación para los ciudadanos. Unos espacios donde el ciudadano pueda identificarse y hacerse suya la ciudad. Pensando unas ciudades desde dispositivos capaces de convertirse en generadores de ciudadanía a través de la creación de espacios de identificación, de creación de experiencia, conocimiento y, sobretodo, espacios para la expresión, manifestación, relación y la creación de sus propios ciudadanos.

Marc Chalamanch

Bodhisattva in metro HQ

(Fotografía Marc Chalamanch, Barcelona, 2011) 

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