13.10.14

conferència d'ARCHIKUBIK al cicle ARA ARQUITECTURA sobre el Pàrquing Saint Roch a Montpellier

El passat mes de Juny vam ser invitats a donar una conferència dins del cicle ARA ARQUITECTURA que organitza ArquinFAD i TRESPA - Trespa Design Centre Barcelona i comissaria l'Eugeni Bach.

En aquesta conferència vam aprofundir en el projecte del Pàrquing de Saint Roch a Montpellier, França, que es troba en fase de construcció.

Totes les conferències d'aquest cicle ARA ARQUITECTURA són compartides, i en aquesta ocasió vam compartir taula amb en Vicenç Sarrablo (Sarrablo y Colom, arquitectos) que com a impulsor del sistema Flexbrick, que recobrirà la façana del Pàrquing Saint Roch, ens uneix una trajectòria de col·laboració.

A partir del minut 33 és quan comença l'explicació d'aquest projecte d'Archikubik que espero pugui permetre comprendre l'abast d'aquest projecte per a la ciutat de Montpellier, i la voluntat d'aquest d'anar més enllà d'un simple aparcament de cotxes per l'estació central de trens de Montpellier. Un edifici que vol arribar a convertir-se en un autèntic edifici activador urbà, amb capacitat de crear ciutat i d'adaptar-se a un futur canviant que segur transformarà la nostra relació amb la mobilitat i més concretament amb el cotxe.



27.7.14

Arquitecturas ficticias 05

Serie arquitecturas ficticias 05 sobre una fotografía del Winter Sports Resort en Dombai, Rusia, 1985.


“Each item, no matter their origin can be used to create new combinations. Everyone can serve. There is no need to say that you can only correct a work or integrating different fragments of old works in a new: you can also alter the direction of these fragments and change their meaning as You want what the fools insist calling quotes"

5.7.14

La ciudad protagonista del territorio TIC



Entrados en el siglo XXI se ha desvanecido la ciudad de las tecnologías de la información que profetizaban, hace pocas décadas, los futurólogos disfrazados de gurús. Tampoco se ha llegado a la tecnópolis totalitaria denunciada por los nostálgicos del "cualquier tiempo pasado siempre es mejor". Resulta interesante repasar las atrevidas predicciones mesiánicas que las novelas de ciencia ficción dibujaban sobre el futuro tecnológico que venía con la aparición de las nuevas tecnologías del transporte y la comunicación. Narraciones sobre ciudades transformadas en un territorios dispersos donde todas las personas trabajarían desde sus casas y se relacionarían exclusivamente mediante el ordenador. El tiempo ha comprobado como erróneas esas visiones sobre el impacto tecnológico sobre nuestras vidas y sus consecuencias simplistas, lineales, de causa-efecto tecnológica que tendrían. Unas visiones basadas sobre las lógicas de la inevitabilidad o de la pura salvación tecnológica sobre la sociedad.

Igualmente se puede decir que han sido superadas las ideas sobre cómo los medios de expresión y comunicaciones fundamentadas en las pantallas supondrían el desarraigo y la pérdida de los espacios físicos de nuestras ciudades. En contraposición muchas cosas que hace poco parecían imposibles y puramente visionarias ahora ya son realizables con las nuevas tecnologías. Por no decir todas aquellas herramientas que ni podíamos llegar a imaginar que estarían hoy integrando nuestras vidas. El presente está deshaciendo las visiones de futuro que podemos llegar a tener para superarlas por el lado menos previsible. Mientras toda esta transformación pasa a una velocidad que convierte el futuro en inexistente y el presente en un imprevisible objeto de estudio que se nos deshace entre las manos antes de llegar a entenderlo.

La humanidad ha continuado encontrando en la ciudad –con las Tecnologías de la información y la comunicación (TIC) incluidas– su mejor escenario de desarrollo y de expresión. Se puede afirmar que la ciudad, más que nunca, se encuentra en centro de la evolución de la sociedad y es el territorio donde se materializan sus cambios. Es la sociedad de la información y la comunicación la que se ha convertido en el motor de transformación de la ciudad para adaptarla a un nuevo paradigma informacional, como la ciudad industrial hizo con su propia forma urbana. Así, la ciudad continúa siendo el mejor escenario para la comunicación, a pesar de que las formas y los medios lo estén transformando.

La ciudad de la era de la tecnología móvil generalizada está integrando en el entorno urbano todo tipo de mallas públicas y privadas formadas por sistemas tecnológicos. Se está convirtiendo las ciudades en lugares de flujo de información masiva, de redes, de conductos y de infinidades de intercambios de información efímera que tienen la intención, o así se venden, de fomentar la convivencia cordial, la seguridad y el bienestar. La adición de información dinámica y sensible localizada en la ciudad contribuye a transformarla. Pero se está aplicando una información sobre el espacio sin un conocimiento de cuáles son las necesidades de los ciudadanos, de tal forma que poco podrán mejorar la vida urbana de sus habitantes si no hay una visión clara de cuáles son esos nuevos usos. Teniendo en cuenta que estos nuevos usos están en constate transformación, son impredecible y nacen para una rápida perennidad. Al mismo tiempo la velocidad en que evolucionan las nuevas tecnologías pone de manifiesto de que la dificultad de transformación no se encuentra en un entendimiento con un posible futuro sino en la casi imposibilidad de comprender el presente. Hay que entender el cambio que supone las tecnologías para el ciudadano en su forma de comunicarse, de moverse o de trabajar, y el esfuerzo que se necesita para conseguir equilibrar los aspectos técnicos, económicos y políticos en la negociación para su implementación en el entorno urbano. Buscando este equilibrio y rompiendo los a prioris la tecnología puede ir más allá de la vigilancia, de ciborgs, de consumidores de cultura adolescente o de terroristas, en la construcción del espacio urbano.

Es en la ciudad donde los ciudadanos han encontrado en las TIC un elemento más de revitalización de los espacios públicos añadiendo nuevos espacios físicos y digitales a su entorno relacional. Unos espacios públicos que se convierten en catalizadores para la participación pública, rejuveneciendo los espacios físicos y la experiencia pública en el ámbito físico y digital. Las TIC son nuevas herramientas que pueden servir para fortalecer los vínculos entre los ciudadanos, fomentar la retroalimentación del espacio público, generar nuevas emergencias y activar sistemas complejos capaces de acercarnos a comprender mejor cada una de las necesidades y oportunidades que genera la ciudad. Pero no se puede olvidar que la línea que marca el control sobre el mundo digital y el mundo físico viene delimitada por quien controla la información sobre la comunidad; un control siempre basado en intereses empresariales e ideológicos de quienes poseen la tecnología, la aplican, la distribuyen, la interpretan y hasta de quienes la pensaron o la diseñaron. Tecnologías y espacios que son utilizados como herramientas de vigilancia y de control percibidos como peligrosos por la desconfianza que sobre ellos se demuestra. Unas tecnologías que son capaces de convertir los espacios en anuncios que pueden llegar a personalizarse según el comportamiento o las preferencias de unos ciudadanos convertidos en meros consumidores. En definitiva es una ciudad construida sobre nuestro potencial de productividad y de nuestra capacidad de destrucción, de nuestras proezas tecnológicas y de nuestras miserias sociales, de nuestros sueños y de nuestras pesadillas. La ciudad informacional que es producto para bien y para mal de nuestras circunstancias.

En todo caso, se abre la relación especialmente compleja entre el espacio público digital y el espacio público físico. Una relación que fomenta la aparición de nuevas situaciones sociales, y con ello emergen nuevas prácticas espaciales, que influyen y cambian la organización espacial a escala urbana y a escala humana. Las nuevas tecnologías permiten la creación de espacios capaces de ser reconfigurados y reorganizados en base a las necesidades cambiantes de las personas, haciendo un uso híbrido del espacio público físico y del digital, del que surge un espacio verdaderamente público situado entre lo material y lo inmaterial. Una transformación que apoya la visión de que una mejor ciudad necesita de la superposición de diferentes actividades en un mismo espacio para convertirse en un espacio público capaz de absorber la pluralidad de un espacio de la diversidad.

Estamos rodeados de mucha información inherente a la propia materialidad de la arquitectura y a la ciudad, y en consecuencia al espacio urbano que los relaciona, el espacio público. Pero también, otra mucha información la aportamos nosotros con nuestra percepción personal del espacio a partir de nuestra experiencia, sensibilidad, interés y conocimiento. Siempre la información tiene la capacidad de proporcionar a la ciudad estratos adicionales de significado, memoria y percepción; igualmente que el espacio construido tiene que tener la capacidad de asociar la información que encontremos interesante a su espacialidad gracias a las nuevas tecnologías.

La ciudad suma nuevos estratos relacionales que la hacen más humana y menos material, paradójicamente las nuevas tecnologías hacen a las personas y sus acciones partícipes de la ciudad y le proporcionan la capacidad de poderla transformar. Una información que los ciudadanos tienen que poder utilizar cuando y como quieran, encontrando la que necesitan y no otra, o hasta haciendo que desaparezca si no se demanda, preservando al ciudadano del derecho a no tener que soportar el ruido informacional no solicitado. La información se está convirtiendo en una experiencia para ser vivida siempre y cuando el ciudadano escoge estar atento a ella. Una elección imprescindible si tenemos en cuenta que nuestras vidas han sido invadidas de pantallas, de radiaciones electrónicas, de ruido blanco que invade nuestro espacio público y privado. Vivimos sometidos al bombardeo de sonidos y de enormes video imágenes. Cuando miramos pantallas ya estamos dentro de ella. Estamos intoxicados con la ilusión de la luz y el sonido, y suspendidos en el espacio de presente inmediato, sin futuro. Nos pensamos que somos meros espectadores de esta ciudad de la imagen cuando en realidad somos sus actores. Una experiencia continúa en nuestra vida, que puede ser tanto pública como privada, igual que en el espacio público, en el privado abierto al público o en el privado, en todo caso en el espacio relacional. Es una experiencia que sobrepasa el espacio y la forma física construida incorporando los medios de comunicación, la información digital y las tecnologías de la información y la comunicación con los que somos capaces de interactuar.

Vivimos persiguiendo un futuro obsoleto. Imaginando ciudades de ficción. Tal vez tenemos que asumir que no hay futuro alguno que alcanzar, que querer vivir en el futuro nos lleva a no tener presente. Nuestro día a día hace casi imposible encontrar el tiempo para entender el presente, mientras nos empuja a un futuro que pensamos que vamos a perder. Vivimos en un tiempo de cambio de paradigma, de un cambio tan rápido e imprevisible que supera nuestra propia capacidad de transformación. Vemos como el pasado en el que nos educaron ya ha desaparecido mientras el nuevo paradigma aún no existe. Hemos perdido la certeza de un presente al que cogerse y la capacidad de definir entre todos un porvenir. Es en este aprendizaje y en la comprensión de los cambios constantes de la sociedad de la que formamos parte, donde tenemos que hacernos entender como arquitectos y urbanistas, y aportar nuestra perspectiva de un futuro tan incierto como fascinante, y tan irreal como palpable. Incorporemos la inagotable capacidad que tiene la información para generar el conocimiento necesario para entender los cambios en los que estamos inmersos. Aprovechemos la oportunidad de ser, seguramente, la primera generación de la historia que tiene la "embriagadora incerteza" de ver pasar el futuro por delante mientras este se convierte en su propio pasado.

 Marc Chalamanch 
(Fotografía Marc Chalamanch, Istambul, 2009)

Bibliografía:





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27.6.14

Conferència d'archikubik al cicle ARA ARQUITECTURA

El proper dilluns 30 de Juny tots esteu invitats a la conferència que donarem dins del cicle ARA ARQUITECTURA que organitza Arquinfad i que comissaria l'Eugeni Bach a Trespa Barcelona.
Explicarem el projecte del Parking Saint Roch que estem construïnt a Montpellier. La conferència serà compartida amb el despatx Sarrablo y Colom. 
ESTEU TOTS INVITATS!

10.5.14

arquitextures-05

(Fotografies Marc Chalamanch, sèrie diàlegs_arquitextures) http://instagram.com/chalamanch

Fotografia de l'esquerra de l'Ayasofya Hürrem Sultan Hamami, Istambul, 2009 <-> Fotografia de la dreta de Paris, Institut du Monde Arabe (1987) de Jean Nouvel, 2013

24.4.14

La realidad física en una sociedad desmaterializada




Somos la primera generación de la historia que forma parte de una sociedad inmersa en un proceso imparable de desmaterialización; mientras que como arquitectos continuamos trabajando con la lenta y costosa transformación de la materialidad. La información se ha situado en el centro del desarrollo económico, político, social y cultural de nuestra sociedad, y marca cada uno de nuestros pasos. El paradigma informacional alrededor de las tecnologías de la información y la comunicación es el motor de los nuevos modos de producción, de vida y hasta de pensamiento, en los que el espacio y el tiempo son dos ejes esenciales sobre el que se proyecta esta transformación. ¿Qué no se puede reducir a información? Todo lo que nos rodea menos aquello que nos hace ser, aunque se intente. Este es el punto de partida para entender una nueva materialidad producto de la profunda transformación social en la que estamos sumidos.
Nuestro entorno tiene elementos que cada día nos acercan más a la E-topia que William J. Mitchell [1] definía con los principios básicos de la desmaterialización, la desmovilización, el funcionamiento inteligente, la personalización en masa y la transformación suave. Principios que ya hemos comprobado que se acercan poco a la realidad de una sociedad red, en la cual la posible desmaterialización ha comportado la aparición de una infinidad de nuevas necesidades materiales. Una sociedad donde la previsible desmovilización se ha convertido en un mundo basado en el crecimiento exponencial de la movilidad, no solamente de información sino también de personas y bienes. Un mundo en el que se confunde la información y la acumulación de datos con la inteligencia, y en el cual la previsible personalización ha resultado ser la monotematización global, con una transformación que ha convertido no solo el futuro en descifrable sino también el presente en obsoleto. Unos principios contrapuestos que las nuevas tecnologías los han convertido en condiciones o condicionantes de urbanidad, y que como arquitectos y urbanistas nos abren nuevas perspectivas sobre las que tenemos mucho que decir.
La realidad es que vivimos en un presente continuo en el que muchas cosas ya no se poseen: sólo se tiene el derecho a usarlas. Nos encontramos en un presente envuelto en una irremediable obsolescencia programada. En una sociedad donde el valor está más cerca de la posesión de la información y el acceso a una buena conectividad que de una centralidad geográfica. Nos hallamos rodeados de artefactos que están generando cada día, insaciablemente, nuevas herramientas que cambian nuestra manera de relacionarnos, el modo de explicarnos y de compartir nuestro trabajo, inquietudes y reflexiones. Vivimos envueltos por invisibles bits en constante transformación, aprendizaje y difusión, que poseen la capacidad de aparecer y desaparecer en etéreas nubes de información. Se trata de una información que, después de fascinarnos, nos ha llegado a colapsar hasta convertir la red en un diálogo de sordos en el que todos hablamos de todo y somos incapaces de escuchar nada. 
Mientras, la ciudad busca soluciones propagando chips en el espacio público, y vendiéndose con el cartel de “Smart”. Están convirtiendo la ciudad en un “Gran hermano” tecnológico que genera una inmensidad de datos. Con estos datos se intenta estructurar una solución al aumento del consumo de recursos a través de una gestión inteligente. En este entorno virtual los ciudadanos y sus acciones se han convertido en ceros y unos que aspiran a encontrar la solución a nuestro entorno y hasta a nuestras vidas, después de haber olvidado que sin alma no somos nada. Buscan solucionar viejos problemas con las nuevas tecnologías, al tiempo que intentan entender unos cambios constantes que dejan sin sentido las verdades precedentes. Una milagrosa "Smart City" que simplifica hasta encontrarse en su máxima complejidad, en la cual la ciudad y sus ciudadanos se tienen que enfrentar a su propia paradoja. ¿Podemos imaginar dejar en manos de algoritmos nuestras ciudades? Nos queda la esperanza de que la ciudad se dedique a buscar sus "Smart Citizens" y que estos sean los que gestionen este mar de datos. Pero también que estos tengan tiempo para salir a la calle, sentarse en una terraza, tomar el sol y compartir unas copas mientras entablan una buena charla sobre qué es lo que realmente le pasa a la ciudad y cuáles son los problemas que tenemos los ciudadanos.
No olvidemos que detrás de los sistemas holísticos inteligentes de rastreo de la ciudad destinados a obtener información de los procesos urbanos, siempre se esconden personas, empresas e intereses. Todos vienen repletos de discursos de buenas intenciones y de elogios a las enormes oportunidades que ofrecen, pero también esconden oscuras utilidades que tendremos que saber afrontar y que parecen imposibles de evitar.
Bajo esta premisa parece que hay la idea de que la ciudad tiene como fin la construcción de infraestructuras de flujos. Pero confundir el fin de dar respuesta a las necesidades de una comunidad con el medio con el que se construyen es realmente peligroso. Pocas veces nos planteamos que en realidad las cosas que buscamos en nuestras ciudades están basadas, a menudo, en la ineficacia, en la incertidumbre, en la deriva de una vida que no queremos programada ni necesitamos que sea perfecta. En 1966, Cedric Price ya se preguntaba "la tecnología es la respuesta, pero ¿cuál es la pregunta?" Tenemos la gran oportunidad de la tecnología y no podemos desaprovecharla, pero es aquella sonrisa cuando sales a la calle y te cruzas con una mirada la que te hace ciudadano, lo que nos hace parte de la ciudad, la que nos permite sentirnos de nuestra ciudad.
Como arquitectos tenemos que seguir cubriendo la necesidad de una realidad física que parece haberse convertido en un simple, en ocasiones engorroso, soporte de lo que parece ser lo único importante, la información y la comunicación que algunas veces, diría que pocas, llega a convertirse en conocimiento.
Tenemos que tener claro que el conocimiento para re-estructurar nuestra sociedad sólo puede salir de la interrelación entre el ciudadano y la ciudad, en una construcción en la que la E-topia sea una herramienta para el desarrollo de una E-polis en la cual el ciudadano, sus necesidades y sus anhelos sean su eje vertebrador. Donde el tiempo y el espacio sean la plataforma en la que las tecnologías y los ciudadanos puedan encontrar las sinergias para transformar una realidad que evoluciona tan rápidamente que no tenemos ni tiempo a descifrar. Esto nos obliga, si no lo estábamos antes, a romper los límites entre disciplinas, a ser generosos con el conocimiento y saberlo compartir. Siempre teniendo en cuenta que estamos delante del reto de la incapacidad de encontrar una definición y una solución duradera a un contexto que parece permanentemente obsoleto. Nos exige ser capaces de entender que el aprendizaje es infinito y que va más allá de las nuevas herramientas de trabajo, de los nuevos conocimientos, de las aplicaciones de nuevos materiales y tecnologías, y que pasa por nuestra función de repensar profundamente, desde nuestro conocimiento como arquitectos, qué somos capaces de aportar en los cambios paradigmáticos en los que nos encontramos. 
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[1] "E-topia: Urban life, Jim–but not as we know it" de William J. MITCHELL, Cambridge, MA: The MIT Press, 1999.  0262632055
[1.1] La desmaterialización, un bit usado no contamina. Economía sin gravedad. ¿Es realmente necesario construir este edificio, o puede ser remplazado por sistemas electrónicos?
[1.2] La desmovilización, mover bits es mucho más económico y eficiente que mover personas y mercancías. Sacar partido de las telecomunicaciones para crear nuevos modelos urbanos más refinados, infinitamente más eficientes. La mejor estrategia de ahorro.
[1.3] El funcionamiento inteligente, un sistema inteligente se puede controlar con sensores para que suministre agua sólo cuando las condiciones indican que se necesita más humedad. Uno realmente inteligente debe controlar tanto el entorno como el nivel de agua disponible. Su objetivo es crear mercados sensibles, de gran eficacia, para los recursos consumibles escasos de los que depende todo asentamiento humano.
[1.4] La personalización en masa, personalización en masa es justamente no elegir un estándar, sino muchos estándares para diferentes públicos. Reducir el despilfarro y estrategias dinámicas de precios gestionando eficazmente la demanda y estimular el ahorro.
[1.5] La transformación suave, las ciudades se transformaron en la era industrial; exigió la dotación de extensas zonas industriales, de viviendas para los trabajadores, de oficinas centrales en las ciudades y de sistemas de transporte de gran capacidad. Hoy el espacio servido electrónicamente no tiene que estar concentrado en grandes áreas contiguas, sino que pueden distribuirse realmente a través de un tejido urbano finalmente granulado.
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13.2.14

Arquitecturas ficticias 04

Serie arquitecturas ficticias 04 sobre una fotografía de la Casa Rustici de Giuseppe Terragni en Milan, 1930.

8.2.14

La ciudad simulada



"Un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar. (...)" "Los no lugares, espacios de anonimato",  Marc Augé 


Las ciudades se maquillan, convertidas en imágenes perfectas, para poder fingir lo que la sociedad espera de ellas.  Se camuflan detrás de una aparente y deseada desinfección, ocultando el hecho de que la vida es y no se simula. Luchan insaciablemente para conservar la pureza de sus muros grises, limpios y mudos, que dicen son reflejo del progreso, frente a paredes que hablan de lo que sus ciudadanos desean, unos muros que buscan otro "progreso". 


El Muro de Berlín, en Bethaniendamm (1986)

Las ciudades son pensadas para ciudadanos imaginarios en mundos protegidos de males y malos, que ellas mismas engendran; unas ciudades que buscan una visión esterilizada de los espacios compartidos para esconder la diferencia y desarticular las iniciativas no-controladas surgidas de la propia sociedad. Ciudades para unos ciudadanos que son sometidos a un constante bombardeo de intencionalidades que les impiden tomar la iniciativa, dejándolos como desnudos espectadores de lo que tendría que ser su propia realidad. Estos ciudadanos son convertidos en simples actores de una ciudad simulada. 

"Tower, Landscapes and contemplations", Kate Kataila

La simulación es la marca repetida hasta la saciedad de lo que aspiran los que dirigen "sus" ciudades, como lo fue la de Barcelona: "la mejor tienda del mundo". Sus habitantes solo se pueden mover en ellas bajo la amenaza de un gran libro de instrucciones, prohibiciones y castigos que pretenden protegerlos, todo bajo el eufemismo del civismo convertido, a veces, en cinismo. Es la ciudad donde se excluye lo de todos para convertirlo en el negocio de unos pocos, y así poder construir la ciudad de "ellos". Una ciudad que parte de la exclusión, que es invadida por ojos que lo ven todo para prometernos nuestra seguridad,  ojos que vigilan a los "malos"  -que no conocen-  y de paso a ti que si saben bien quién eres. Una ciudad "orden-ada", sin darnos cuenta, por un sentido político destinado a neutralizar la capacidad del espacio público para crear relaciones sociales generadoras de ciudadanos. 

"La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación de los modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal. El territorio ya no precede al mapa ni le sobrevive. En adelante será el mala el que preceda al territorio - precisión de los simulacros- y el que lo engendre, y si fuera preciso retomar la fábula, hoy serían los girones del territorio los que pudrirían lentamente sobre la superficie del mapa. Son los vestigios de lo real, no los del mapa, los que todavía subsisten esparcidos por unos desiertos que ya no son los del Imperio, sino nuestro desierto. El propio desierto de lo real."

Una nueva, vieja, ciudad se llena de zombis que no miran a los ojos, que no saben de "buenos días". Una ciudad de personas convertidas en GPS de una geografía urbana muda. La ciudad de la dictadura del corto tiempo, de las urgencias de un presente que se escapa, de un territorio desintegrado capitaneado por la soledad. Es la ciudad donde nos convertimos en individuos públicos protegidos por nuestras máscaras de roles codificados.


"Hoy en día, nuestro entorno está Ileno de una brillantez vacua. AI igual que los electrodomésticos que pueblan los estantes de una tienda de oportunidades, nuestras ciudades se han secado y estan yermas. Durante los últimos diez años, a las ciudades se les ha privado de la humedad como si las hubieran echado en una gigantesca secadora. Aunque estamos rodeados de infinidad de productos,vivimos una atmósfera enteramente homogénea. Nuestra opulencia se sostiene solo con ese trozo de película transparente. 

La vida simulada está formada sobre la base de la película transparente que cubre la sociedad. Por ejemplo, hombres y mujeres se detienen en ciertos lugares, antes de ir a casa después del trabajo, con el fin de comer, cantar, bailar, charlar, ver películas, ir al teatro, practicar juegos o ir de compras. EI tiempo y el espacio disponibles en algún lugar entre la oficina y el hogar-para hacer ejercicio, por ejemplo, en un club deportivo -son totalmente ficticios. La gente se come cualquier cosa que le sirvan como si aquellos platos hubieran sido preparados por su propia madre; cantan y bailan como si fueran estrellas de cine; debaten temas con quien quiera que esté a su alrededor como si fueran íntimos amigos; van de compras para tener buenos sueños, y actúan en un espacio artificial como si realmente estuvieran corriendo por el campo o nadando en el mar. Todo ello son simulaciones, desde el espacio y las acciones hasta cualquier cosa que puedan obtener allí. Más aún, esta vida y este espacio simulados han invadido las oficinas y las casas en lugar de permanecer modestamente en una zona neutra como es el centro de la ciudad. Nuestras familias y nuestros trabajos son ahora todos simulados. Actualmente no podemos distinguir la realidad de la irrealidad.

Hemos perdido no sólo el sentido de la vista, sino también el del gusto, el oído, el tacto y otros sentidos relacionados con la realidad. Ya no estamos seguros de lo que es realmente sabroso, de lo que oímos, de lo que realmente sentimos, etcétera. Nuestro cuerpo ha cambiado, aunque no nos demos cuenta de ello. Esto es así porque los sistemas de comunicación entre nosotros, o entre los bienes de consumo y nosotros, han sufrido cambios radicales. Hemos transformado nuestro cuerpo de tal modo que podemos invertir la relación entre realidad e irrealidad con el simple movimiento de una imagen." 
"Arquitectura en una ciudad simulada", Toyo Ito traducción de Jorge Sainz 

Cuando una ciudad esconde su propia realidad y a sus propios ciudadanos, se convierte en el carcelero de consumidores, en vez de convertirlos en sus protagonistas. La ciudad es ciudad cuando tiene ciudadanos, y estos son ciudadanos cuando disponen de las herramientas para apropiarse de ella hasta hacerla suya. Si la ciudad es un espejismo de lo que a algunos les gustaría que fuera, entonces esta se vuelve una ciudad simulada que sencillamente esconde, detrás de un fino espejo, su propia realidad. Una realidad que al ser ignorada y olvidada va empeorando hasta convertirse en la verdadera y desgraciada protagonista de la ciudad.


"Chantier Barbès-Rochechouart Billboard", Pierre Huyghe, Paris 1994

"Estoy más intrigado por la manera en cómo se produce el acontecimiento que en el mismo acontecimiento". Pierre Huyghe analiza en gran parte de sus trabajos la importancia de la visión, sus procesos y construcciones, en una sociedad del espectáculo donde el sujeto está constantemente hostigado por el vértigo voyertista provocado por la multitud de imágenes que se le proponen. Sus obras tratan de poner de manifiesto de qué manera las personas pueden reaccionar a todo tipo de intentos de homogenización o estandarización de los comportamientos y actitudes (para convertirlos en pasivos consumidores) mediante la construcción y reconstrucción de la mirada que permita escapar del control y la pasividad de la sociedad contemporánea."

Sumar es el único camino para una ciudad real, para que una ciudad crezca con sus ciudadanos y encuentre su propia verdad, en vez de simular la que el mundo espera de ella. Una ciudad que sepa encontrar en sus ciudadanos el potencial para ser lo que en realidad es y lo que ninguna otra ciudad puede llegar a ser. Una ciudad que confíe en si misma y en sus ciudadanos, más que reflejarse en el éxito engañoso de otras ciudades. Una ciudad pensada para su propia realidad, más que diseñada según la copia de otra realidad lejana. 

 “A la larga, la vida entre los edificios es más importante y también más interesante de observar que cualquier combinación de hormigón colorado y formas edificatorias impactantes.” 
"La humanización del espacio urbano", Jan Gehl

Puesta de sol en una pantalla de leds gigante en la plaza de Tiananmen el 16 de Enero del 2014, en un día de alerta por alta contaminación en Beijing, China.

 Marc Chalamanch 
(Fotografía portada Marc Chalamanch, New York, 2010)
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30.1.14

arquitextures-04

(Fotografies Marc Chalamanch, sèrie diàlegs_arquitextures) http://instagram.com/chalamanch

Fotografia de l'esquerra de Pollença, Mallorca, 2012 <-> Fotografia de la dreta de Berlin, 2013

25.1.14

Del tiempo y el espacio en la Sociedad Red


Paulatinamente nos convertimos en nómadas sin un espacio propio ni definido. Estamos obligados a vivir en un tiempo que no controlamos y que oscila entre diferentes mundos que tenemos que lograr interpretar para gestionar los compromisos a los que nos obliga. Vivimos inmersos en universos diferentes que se superponen e interactúan formando un gran mosaico en movimiento perpetuo dentro de un mundo global. Nos encontramos en un entorno de cambio permanente y de futuro indescifrable en el que se está construyendo un mundo formado por redes globales sustentadas por las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), que se convierten en el eje sobre el que gira un nuevo paradigma informacional, y del que somos partícipes desde la vivencia de una realidad digital tan real como la física. Dicho conjunto de realidades es capaz de impulsar el desarrollo de un nuevo orden informacional que nos permitirá, si queremos, ser actores activos de los cambios paradigmáticos que vivimos. El informacionalismo está estructurando nuestra sociedad de forma permanente y ubicua a través de tecnologías de código abierto, sometidas a un nuevo neodarwinismo ahora informacional, que modifica la noción que tenemos de espacio y tiempo, y donde la materialidad de la sociedad industrial se está transformando para convertirse en una digitalización que no entiende de límites.
A partir de aquí empezamos a explicar nuestro posicionamiento como arquitectos y urbanistas. Una posición que, a imagen de la sociedad en la que vivimos, viene marcada por la gestión de un entorno informacional cada vez más complejo y sumido en una continua y rápida transformación. Una transformación sin un rumbo predecible que afecta a todos los ámbitos de nuestro trabajo, y nos obliga a posicionarnos delante de una sociedad en perpetuo cuestionamiento. Este cambio estructural, consecuencia de la Sociedad Red, ha llevado a redefinir dos de las bases de nuestra existencia, el espacio y el tiempo. Como consecuencia, estamos obligados a dar respuesta a los dos pilares sobre los que se estructura nuestra sociedad, un nuevo concepto de espacio, el espacio flujo, y otro de tiempo, el tiempo atemporal, que inevitablemente coexistirán con los anteriores. Nuevos conceptos de espacio y tiempo que son producto de una transformación histórica, donde la tecnología marca la promesa de un nuevo devenir.
Tenemos que entender, como arquitectos, que el espacio ya no se organiza solamente alrededor de la idea de progreso o está destinado al desarrollo de las fuerzas productivas, como ocurría hasta ahora en la sociedad industrial. En la actualidad aparece el concepto de espacio de los flujos como la herramienta para dar forma material y soporte a procesos y funciones constituidos por nodos y redes que surgen de la Sociedad Red. Es el espacio que se construye alrededor de los flujos: de capital, de información, de tecnología, de interacción organizativa, de imágenes, sonidos y símbolos, pero también de personas e ideas. Flujos que se componen de múltiples y simultáneas secuencias de intercambio e interacción entre los diferentes actores sociales en todos los ámbitos de nuestra sociedad (políticos, económicos y simbólicos), es decir, la Sociedad Red se ha convertido realmente en una procesadora de flujos. A partir de aquí nos encontramos con la consecuencia de que los lugares, basados en la contigüidad y la práctica, el significado, la función y la localidad, ya no forman parte de espacios únicos, sino que adquieren un papel nodal entre múltiples espacios fragmentados y, en muchas ocasiones, desconectados. Como plantea Manuel Castells, estamos frente a "una nueva forma espacial característica de las prácticas sociales que dominan y conforman la Sociedad Red: el espacio de los flujos. El espacio de los flujos es la organización material de las prácticas sociales en tiempo compartido que funcionan a través de los flujos" (Castells, 2005).
Paralelo a estos planteamientos, tenemos que gestionar una nueva noción de tiempo, un tiempo atemporal que queda, por primera vez, separado de la idea de lugar. Este tiempo deja de estar subordinado al espacio para dar lugar a una secuencia de acontecimientos desordenados y simultáneos. Se vuelve creación de y sobre lo imprevisible, e igual que se adapta a la aleatoriedad también tiene la facultad de reelaborarse. Un nuevo tiempo que ya no viene regulado por los ritmos biológicos ni por la esclavitud del reloj como en la sociedad industrial, sino que parece buscar la negación de la secuenciación para definir su propia existencia. Un tiempo que aparece comprimiendo y difuminando las secuencias de nuestras prácticas sociales, incluyendo las nociones de pasado, presente y futuro. Un tiempo atemporal que no es un tiempo único, sino que viene a sumarse a los anteriores, al tiempo biológico, al tiempo burocrático, al tiempo industrial y dando origen a un tiempo que se convertirá en el activador de otros nuevos tiempos, como el tiempo glacial (Castells, 2011). Nos encontramos dentro de un collage de tiempos múltiples que existen simultáneamente, a modo de una hipercronía que comparte una misma temporalidad en diferentes tiempos.
 El lugar y el tiempo ya no son una misma unidad de construcción social, sino que están redefinidos por la aparición de la Sociedad Red, y este hecho cambia radicalmente la manera de afrontar la arquitectura y la reflexión sobre la ciudad y el desarrollo territorial. El lugar y el tiempo se han convertido en la máxima expresión de los cambios de las estructuras sociales y culturales de la Sociedad Red, que constituyen cambios que son articulados alrededor del paradigma Informacional

En todo caso no podemos más que reconocer, como plantea Luis Mansilla (Tuñon, 2012) "sospecho que el espacio, en realidad, no forma parte de nuestras preocupaciones, sólo el tiempo, que se derrama y escapa entre los dedos cuando intentamos atraparlo" y que en definitiva no tenemos nada salvo nuestro tiempo, porque es el tiempo el que se manifiesta en el espacio y el que acaba creando los lugares. Lugares que ahora se están empezando a desmaterializar convirtiéndose en sinapsis invisibles donde a los arquitectos solo nos queda la capacidad de generar temporalidades capaces de ser reconocidas en el espacio. Dichas temporalidades se transforman en un mundo en constante movimiento y donde el tiempo es quien nos permite percibir el lugar, es el que lo crea. 

 Marc Chalamanch 
(Fotografía Marc Chalamanch, Barcelona, 2010)

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                        El tiempo biológico, característico de la mayoría de la existencia humana y todavía del grueso de la existencia humana), está definido por la secuencia programada de los ciclos vitales de la naturaleza.
                        El tiempo burocrático, es el tiempo biológico modelado por a lo largo de la historia, es decir, la organización del tiempo, en instituciones y en la vida cotidiana, en función de los códigos de los aparatos ideológico-militares que funcionan sobre los ritmos del tiempo biológico.
                        El tiempo industrial, con la paulatina imposición del tiempo de reloj en la era industrial se llega a constituir la medida y la organización de una secuenciación suficientemente precisa como para asignar tareas y orden a cada momento de la vida, comenzando por la estandarización del tiempo industrial y el cálculo del horizonte temporal de las transacciones financieras, dos componentes fundamentales del capitalismo que no podrían funcionar sin un tiempo reglado por el reloj.
                        El tiempo glacial, es el tiempo propuesto  por movimientos ecologistas, vivir el tiempo con una prespectiva cosmológica de longue durée, contemplando nuestras vidas como parte de la evolución de nuestra especie, y sintiéndonos solidarios con las futuras generaciones, y con nuestra herencia cosmológica. Concepto desarrollado por Scott Lash y John Urry en el libro "Economies of signs and space" 1994.


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17.12.13

Nuevas tecnologías para un nuevo orden informacional



Nuestras vidas se desarrollan en torno a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) convertidas -en pocos años- en herramientas impulsoras de una transformación global; tecnologías a partir de las cuales se estructura el nuevo paradigma informacional (Castells 2011), eje de un desarrollo donde las redes de ciudades globales y las conexiones que las unen son el motor del mundo global. Estas nuevas tecnologías permiten una comunicación constante entre nodos-ciudad impulsores del desarrollo del sistema en el que nos encontramos. Vivimos inmersos en unas nuevas redes de comunicación que estructuran nuestra sociedad de forma permanente y ubicua, a través de unas tecnologías de naturaleza plástica y flexible basadas en el código abierto, pero al mismo tiempo sometidas a un nuevo neodarwinismo, ahora informacional. Las TIC’s están basadas en el desarrollo de la microelectrónica y la nanotecnología, así como en la biotecnología, avances estos permiten la construcción de una Sociedad Red capaz de vencer los límites del tiempo y del espacio histórico precedente. De esta manera estamos superando la forma de organizarnos de una era industrial que, hasta hace poco, impregnaba todas las esferas de la actividad humana.
Estas nuevas tecnologías tienen la capacidad de expandirse e introducirse en todos los ámbitos de nuestra vida, hasta convertirse en la materia prima de la que nos nutrimos como sociedad. Se crean redes informacionales que se organizan permanentemente mientras promueven la convergencia hacia un sistema concentrado y globalizado, y a la vez que fragmentado y descentralizado.
La Sociedad Red centra su devenir en la capacidad de organizarse de forma local para luego llegar a reconocerse globalmente; una sociedad donde las instituciones, las organizaciones y los actores sociales se ven forzados a reformularse para mantenerse en el centro del debate social. Es en este contexto que nos vemos obligados a redefinir nuestro papel como ciudadanos, en una democracia que se ve empujada a abrir nuevos espacios para la participación. Nos encontramos delante de nuevas redes relacionales que nos permiten ser actores activos de los cambios paradigmáticos que vivimos.
Ahora son los usuarios de las nuevas tecnologías, y en su conjunto la sociedad y su tejido económico, los que hacen evolucionar y arraigar las utilidades capaces de transformar nuestra sociedad. Al mismo tiempo son estas mismas tecnologías las que nos obligan a crear una nueva pedagogía informacional, a partir de cómo nos las apropiamos y utilizamos, y a sabiendas de que son el origen de buena parte de las transformaciones culturales, organizativas e institucionales que estamos experimentando. Unos avances tecnológicos que nos son vendidos como herramientas de comunicación sin fin, en un nuevo mundo de progreso sin límite. Mientras, sus "vendedores" utilizan su complejidad como coartada para justificar una libertad confusa en un mundo globalizado, que siempre es occidentalizado. Detrás de la aparente libertad que transfieren, a través del intercambio de información, aparece la mordaza de la necesidad y de la inalcanzable velocidad de cambio constante a la que nos obligan a seguir. Una necesidad que -antes de resolver problemas- lo que hacen es simplemente desplazarlos, gracias a las nuevas tecnologías.  Esta inalcanzable velocidad es ahora la que divide el mundo entre lentos y rápidos, donde domina la dictadura del tiempo corto (Matterlart,2002).
Como individuos estamos delante de unas TIC que de forma paulatina y constante está sustituyendo la comunicación de masas y a sus paradigmas comunicacionales del industrialismo. Una fórmula cimentada en la construcción de oligopolios empresariales de la comunicación, que están basados en la emisión de un mensaje unidireccional dirigido a una audiencia de masas a la que sólo se le permite escuchar. Para conseguir esta transformación estamos obligados a ejercer activamente un permanente ejercicio de sentido crítico y de curiosidad intelectual hacia estas nuevas tecnologías. Nos estamos apropiando individualmente de la comunicación de masas para convertirnos en emisores personales de información y conocimiento en un entorno colaborativo en red.
Desde esta posición, tenemos que ser partícipes de la construcción de una sociedad que utiliza estas tecnologías para generar interconexiones y crear redes en un mundo dominado por el intercambio de información y conocimiento. Donde como personas e identidades individuales formamos parte de esta red de nodos a partir de nuestros conocimientos, intereses y deseos. Podemos dar por superada la idea que Marshall McLuhan y B.R. Powers desarrollan en el libro Global Village (McLuhan, Powers, 1990), donde se intuye un futuro en el que los nuevos sistemas de comunicación superarían las especificidades de lo local, lo particular y la entidad, es decir, de la noción de cultura y con ello la noción del espacio que se constituye como expresión de la identidad, el lugar (Castells, 1998).
Con los cambios paradigmáticos que estamos viviendo hemos sabido convertir las TIC en herramientas capaces de crear ciencia, arte e innovación social. Herramientas impulsoras del desarrollo de una nuevo orden informacional donde la mediación social, cultural y educativa permiten construir, con el uso de las plataformas digitales, un entorno de fortalecimiento democrático en frente de la actual democracia de mercado.

 Marc Chalamanch 
(Fotografía Marc Chalamanch, New York, 2011)

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CASTELLS, Manuel (2011), La sociedad red: Una visión global. Madrid: AlianzaEditorial. ( El término sociedad red fue acuñado en 1991 por Jan van Dijk en su obra De Netwerkmaatschappij (La Sociedad Red) - aunque sin duda quien ha contribuido a su mayor desarrollo y popularización ha sido Manuel Castells en La Sociedad Red, el primer volumen de su trilogía La Era de la Información.queseyoestoyreloco )

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